martes, octubre 17, 2006

Agujetas y recetas


El viernes por la tarde recibí una llamada que ya no esperaba.
-Soy Javi, salgo a las nueve y te paso a buscar para que te vengas a la finca ¿vale?
- Ole tú, pues claro que sí. Finde de campo !Yuju!
Agarré las cuatro cosas que Gómez y yo necesitamos para un par de días camperos y algo de la nevera para cocinar, y andando. La verdad es que todo se redujo a algo de verduras y unas shiitakes porque tengo la nevera en obras por culpa de la economia subterránea que padezco.
Una vez allí, Toñín y yo echamos un ojo al congelador, ese bendito que guarda siempre tesoros, para ver qué podíamos preparar en el finde. Encontramos un pollo y una paletilla de jabalí que le habían regalado en el pueblo después de la última montería y pensamos, que ya era hora de prepararla.
También queríamos hacer una sopa que nos reconfortara del fresquito que ya hace en el monte, por las noches encendemos la chimenea, y sacamos todo lo necesario ,menos las verduras, del arcón más una lata de grelos cocidos gallegos que también llevaban lo suyo esperando en la alacena. Así que, con un trozo de tocino blanco, un hueso de babilla de ternera , varios de caña, una punta de jamón, un cuarto de pollo, un puerro, un tomate, unas ramas de perejil, una cebolla, unos granos de pimienta negra y sal, hicimos un caldo sabroso que dejamos enfríar para poder desengrasarlo mejor. Después le añadí al caldo colado, ligeramente apretadas las verduras en el colador, un bote pequeño de garbanzo cocido, 1/4k de grelos de bote picaditos, la carne del pollo y el jamón de la punta, también picados. Resucita a un muerto.
El sábado por la mañana no nos quedaba ni pizca de pan y necesitábamos, zanahorias, vino tinto y tomarnos un vermú, esto, lo más necesario. Peeeeeeeero, no teníamos coche hasta que Javi volviera de currar a la las diez de la noche. Se nos ocurrió la feliz idea de bajar al pueblo a pata.
El villorio no que es que esté lejos, dista unos tres kilómetros, pero es que todo es cuesta abajo y con una pendiente endemoniada que a los coches les cuesta horrores subir. Campotravés, olvidaté, porque no hay camino y el sotobosque te deja el cuerpo con si hubieras luchado con un trigre de Bengala, que son mucho años pateando por estos parajes y sabemos de qué va el asunto. Sin ir más lejos este verano me fui con las chicas y con la madre de Toñín, señora mayor, de paseo por el monte y la traje a la pobre con más rayas en las piernas que una cebra.
Nos maqueamos para bajar a la civilización y echamos andar camino abajo. Que si ji ji, que si mira qué flor más chula, que mira que hay boletus pinnicolas, cójelos... cuarenta minutos después estábamos en el pueblo. Eso sí, a medio camino nos temblaban las pierninas del esfuerzo de ir frenando el peso del cuerpo para no caer rodando.
Ya abajo fuimos en casa del señor Luis que tiene huerta y aun le quedan algunas verduras que vender. Le compramos un repollo de casi cuatro kilos, un kilo de riquísimas zanahorias, otro de pimientos verdes estupendos y con la compra hecha nos fuimos a tomar algo al bar y , de paso, a ver a quién le pedíamos que nos subiera a casa porque la subida podía ser muy penosa y encima nos habíamos cargado con peso. No tuvimos ningún problema y al rato estábamos de vuelta en casa. Menos mal.
Para comer corté los dos cuartos de pollo en trozos y los doré bien en AVOE en una cazuela. Piqué fino dos dientes de ajo y los añadí junto con un chorreón de ron moreno.Corté en plumas una cebolla hermosa y un tomate maduro y, ambos, fueron a unirse al pollo. Tapé bien la cazuela mientras pelaba y escachaba una patata grande. Ya troceada se unió al conjunto. A continuación los aromas: limón en rodajas, una cucharadita de canela en polvo, otra de Ras el Hanout y un buen espolvoreado de pimientas variadas.
Por último se unieron a esta juerga 1/4kg de shiitakes y los trozos de patata. Tapé y esperé a que todo estuviera cocinado antes de servir.
Con el repollo hice una ensalada que se nos saltaban las lágrimas al comerla. Era tan crujiente y suave esta col que nos entusiasmó a ambos.Sólo iba aderezada con ajo, sal y cominos machacados hasta que se vuelven una pasta, se disuelve ésta en vinagre de Jerez y AOVE y se pone sobre el repollo, moviéndolo bien para que todo se empape de este rico aderezo.
Para el día siguiente troceamos la carne de la paletilla, desenchando los huesos, y la pusimos a marinar con una cebolla grande en plumas, cuatro dientes de ajo y seis granos de pimienta machacados. Pasó toda la noche en este adobo.
El domingo se levantó un día estupendo de este largo otoño con el que el tiempo nos ha regalado.
Escurrí bien la carne de su adobo y la salteé en la expréss. A continuación añadí el resto de ingredientes de la marinada menos el vino. Agregué un par de zanahorias en ruedas gruesas, media cucharadita de semillas de hinojo, un ramillete hecho de tomillo y romero, un vaso de brandy y dejé estofar unos minutos mientras se evaporaba el alcohol. Sumé el vino de la marinada , tapé la olla y la dejé pitar durante una hora mientras me alojaba bajo una encina con un buen libro y los pajaritos y el viento en los pinos ponían la banda sonora.
A las carnes de caza les va muy bien el agridulce. Una cucharada de mermelada de frutos rojos, por ejemplo, y un chorreón de buen vinagre y queda espectacular, pero no teníamos. A cambio Toñín, con gran paciencia, había recolectado los tomatitos cherry de unas jardineras, los había escaldado y pelado, y los había macerado con miel y vinagre. Los probé , tenían un sabor muy pronunciado a tomate, y decidí poner tres cucharadas en el guiso de jabalí.Retiré la carne y pasé todo por la batidora. Quedó de cine.
A esta salsita tan deliciosa le va muy bien arroz blanco cocido.
Acompañamos con una ensalada de brotes de espinacas, que nos habían regalado en el pueblo, unos cherries para que den color, y un puñado de hojas de clavel chino naranja, todo regado con vinagreta de mostaza de Dijon. Quedó muy bonita.
Invitamos a los vecinos de al lado que son flacuchos y de poco cocinar, que no de comer, y salieron encantados y prometiendo volver en cuanto les digamos. A cambio nos prestarán la autocaravana cuando queramos. Maravilloso ¿no?. !Viva la cocina!
Toñín se había pasado toda la tarde del sábado quejándose de las piernas por la paliza de bajar del monte y a mí no me dolía nada porque como hago ejercicio regularmente...Sí, sí, pues el domingo me lo pasé en un !ay! de agujetas que tuve. Cuando llegaba a casa, espatarrá y con las pantorrillas tiesas, esperaba que Angel , que se había quedado en Madrid, creyera que era de bajar cuestas porque si no...
Besos

5 comentarios:

LE BLOG dijo...

Qué diver

Doña Col dijo...

meca... asi cocina cualquiera... en el campo, tranquilos y con tiempo... que suerte maja

Manuel Allue dijo...

No soy nada pelota, supongo que se nota, pero déjame que te diga que me lo paso estupendamente con tus post: tanto en la Cava Baja con el alcalde de Melilla y las birras como en casa de tus amigos troceando el pollo o cortando la cebolla "en plumas", una expresión que me gusta mucho y que no me atrevo a usarla.

Voyeur casi de nacimiento, no hace falta que os espíe. ¡Me lo pones en bandeja cada semana!.

Un abrazo, M. (Tu blog es el más divertido, con mucho, de todo este panorama...).

Marisa dijo...

Manuel hacemos buena pareja: tú voyeur y yo exibicionista :-D

Este blog surgió porque me gustaba llevar un diario y un libro de cocina con todo lo que invento. La razón: apenas tengo memoria, me la dejé en un afterhours en los noventa y nunca me acuerdo de ir a recuperarla. Esto me sirve para recordar las pequeñas cosas que nos suceden y cuando surgieron los blogs,y yo los conocí, leche, estaban hechos para mí, puedo unir las dos cosas y encima poner fotitos.
Tus palabras me animan, gracias, Manuel. Y ya sabes que también yo te leo con deleite.

Doña Col, si conocieras el entorno que tenemos en La Alcarria... es maravilloso, soledad total en medio del monte. Mis amigos tienen todo muy cuidado, de flores y plantas, una delicia sin que te olvides que estás en el campo. Nada de césped ni parafernalias de esas, campo y solo campo, pero domado muy bonito.

Doña Col dijo...

Exacto... eso es el campo... para meterme en bloques de hormigon, no salir, no arañarme las piernas con las zarzas... para eso, ya tengo la ciudad