domingo, agosto 26, 2007

Solomillo de cerdo a la crema, si es que se llama así.

Mi sobrina Zinnia está pasando el finde en casa, aprovecho para hacerle las fotografías del año. Prácticamente desde que nació sigo esta costumbre y muchos de sus retratos estuvieron decorando, en grandes fotografías, los escaparates del estudio. Ahora ya está crecidita y a la sesión fotográfica le precede la de maquillaje, elección de la ropa, etc. Todo es más complicado, pero también nos une más en nuestra condición de mujeres, y eso me encanta.

Mientras comíamos hoy me ha preguntado cómo se llamaba el plato que estábamos comiendo y la verdad es que nunca lo he sabido. Me enseñaron hace muchos años a hacerlo y nunca me dijeron su nombre, si es que lo tiene.

Me emancipé a los diecisiete años y justo cuando conseguí un apartamento, el mismo día en que mi queridín marchaba a la mili, encontré un trabajo en el servicio doméstico, me matriculé en el instituto en horario nocturno y así pude hacer frente a las facturas compaginándolo todo.
En éste mi primer trabajo, me hicieron una entrevista los papás del bebé que iba a cuidar. Me preguntaron si tenía experiencia con niños, les dije que sí, mentira. Me preguntaron si sabía cocinar, les dije que sí, mentira. Mentir era necesario para pagar el alquiler pero pasé las de Caín cuando me enfrenté al primer pañal y ni te cuento cuando tuve que preparar mi primera comida.
Nueve meses después el niño empezó en la guardería infantil y no se me necesitó más. Aprendí muchas cosas sobre niños y cocina, aunque como casi siempre cocinaba el papá, que era jordano, y la cocina que aprendí de él no era nada común en el panorama gastronómico en la España de hace venticinco años, y me quito alguno, no me serviría para futuros empleos, o eso creía. Pero mira tú por dónde que conseguí empleo en casa de un jerifalte -el más jerifalte de hecho-de una famosa petrolera francesa. No había nadie más en el servicio y todo estaba a mi cargo con apenas dieciocho años. Allí no sólo aprendí a cocinar si no que se me abrió un mundo de ingredientes que nunca habían formado parte de mi paladar hasta entonces.
Dorada y besugo al horno, langosta a la americana, guisantes frescos, que siempre había pensado nacían en la misma lata, gamba blanca de Huelva que yo misma cocía y devoraba. O los turnedós. Nunca antes había comido una carne tan tierna y lo mucho que realzaba la pimienta recién molida el sabor de la carne. Me costó horrores encontrar un molinillo de pimienta y un centrifugador de lechugas en aquel entonces, pero los conseguí.
Recuerdo también los tomates asados con provenzal, las lechugas francesas (batavia), tan carnosas y diferentes a las nuestras que nunca me han abandonado ya, las judías verdes redonditas, los salchichones y demás embutidos. Y los quesos, había una nevera pequeña sólo para ellos, fragantes quesos cabra, frescos, curados...cómo olía aquel frigorífico.
Aquello fue mi jauja particular y me abrió al mundo de la cocina; tanto me interesé por el tema, que traduje al castellano un montón de recetas de los libros de la biblioteca de estos señores y que luego preparaba en mi apartamentito con los pocos medios que conseguía o los que me traía de allí directamente, porque las viandas que se usaban en aquella casa se compraban en el mercado de Chamartín, el mejor de Madrid y el más caro, y no estaban a mi alcance. Además siempre se ha sisado ¿no?


La receta de hoy sí la preparé muchísimo, es económica, de pocos ingredientes, tan sencilla y tan rica que le gusta a todo el mundo. Por eso ahora, que sólo la preparo cuando no quiero complicarme y que la comida no quede en el plato, la hago cuando vienen sobrin@s a comer. Dejan el plato limpio.

Solomillo de cerdo a la crema



Ingredientes:
- 1 solomillo entero en trozos de bocado
- 1 cebolla hermosa bien picadita
- 1 cucharada de pimentón de La Vera
- 1 unas ramitas de perejil picado
- 1 envase y medio de nata líquida
- Sal, mantequilla y aceite de sabor suave, sal y pimienta
Poner un par de cucharas de mantequilla y un chorreón de aceite a calentar una sartén y dorar la carne con fuego fuerte y sin que quede reseca. Reservarla bien escurrida dejando la grasa en la sartén donde doraremos, a fuego suave, la cebolla. Cuando esté, ponemos el pimentón, le damos una vuelta y regresamos la carne a la sarten cubriéndola con la nata. Dejar que espese un poco, espolvorear el perejil y servir con arroz, pasta o patatas cocidas.

Otros nueve meses después dejé el servicio doméstico para emprender mi propio negocio, además odiaba ese tipo de trabajo, pero he de reconocer que tampoco estuvo tan mal la experiencia, aunque nunca supiera cómo se llama este plato.

Besos

10 comentarios:

Margarida dijo...

Da igual como lo llames, tiene una pinta fantástica :)

manuel allue dijo...

Precioso tu relato. Me encanta tu manera de contar y te lo digo porque es verdad, es muy bonito y me lo paso estupendamente leyéndote.

Abrazos.

Marisa dijo...

Margarida es un plato con el que nunca fallas y de mínimo esfuerzo.

Manuel, muchas gracias, hijo,mabrumas :-D

Doña Col dijo...

Vaya sobrina guapa...
Pa' pagarme los vicios, cuidé crios los últimos años de carrera.
Me tocaba ir a buscarlos al bus al mediodía, hacerles la comida o calentar lo que me hubiesen dejado y dársela para volver a llevarlos al bus... Y a los peques, sacarlos al sol como las lagartijas un ratillo por la mañana. Lo recuerdo como uno de mis mejores curros... Hasta entonces no había cambiado pañales, ni había hecho papillas... No sé quien se lo pasó mejor, si ellos o yo...

Doña Col dijo...

por cierto, el cambio de aspecto del blog está chulo, chulo... Me gusta bastante más que el anterior...

Pilar dijo...

Tú llámale X, solomillo, o lo que te parezca, seguro que está buenísimo !!

Por cierto, ya que andas mucho por Galicia, porqué no llamarle "solombo de porco" ( o quo quodo cholo?)

cannella dijo...

Tú sí que eres una tía como dios manda, no como otras ;-)))
Es siempre tan tierno lo que escribes!

Marisa dijo...

Doña Col, por lo menos es personal, el otro era de google y no tenía nada que ver conmigo.
La foto de la libreta la hice en vacaciones, de esto que Angelito te mira pensando está para qué querrá una foto así. Ni yo lo sabía, pero mira por dónde :-D

Pilar es buena idea, así aprendemos más lenguas, que a este paso vamos a dominar todos los léxicos culinarios del mundo :-D

Canny, dentro de nada los grandes almacenes hacen las rebajas esas de las sábanas y te haces con una buena remesa para poder seguir este blog ;-D

Lurka dijo...

No se que me ha gustado más si la receta de solomillo o la historia.
...La receta.
...No, la historia.
...No no, la receta.
...No la historia.

En fin mientras se disipan mis dudas, lo que es seguro es que el solomillo lo hago un día de estos. Me encanta el solomillo de cerdo, y con esta, ya tengo una variante más para hacerlo.
Besicos.

LE BLOG dijo...

Precioso relato. Me ha encantado leerlo ¡Y qué rica receta!