Anoche salí a cenar con el pequeño de mis ahijados a nuestro restaurante chino preferido. Según llegábamos me comentaba que iba a confesarme algo que nadie sabía y que tenía que ver con una chica. Por supuesto, eso que el llama "que nadie sabe", es de dominio público en mi casa: le gusta una chica de su trabajo, que lo trae por la calle de la amargura, y que anda con varios hombres a la vez. Ole guapa, añado yo.El comenzó diciendo que todo empezó antes de nuestro viaje a Brasil, osea, en septiembre o antes. En ese punto empecé a sudar porque desde ahí me contó, con pelos y señales (sí, con pelos por medio y tó) sus males de amores. Todo habría ido de maravilla si mi querido ahijado no se trabucara como una metralleta, que no había terminado con los detalles de su primer encuentro sexual y yo ya me había comido la mitad de lo que habíamos pedido, más media jarra de cerveza.
Os juro que yo atendí a todo lo que me contaba, y mira que es difícil seguir tan discontínuo hilo.
Al final no tengo muy claro si mi consejo le habrá servido de algo, ni de cuál ha sido éste, ya que terminé con la jarra de birra antes de que acabara con su traqueteante relato. El reloj no dejaba de correr.
Ya más tranquilo y relajado, y yo, todo hay que decirlo, se comió todos los restos que yo había dejado en las bandejas (con gran habilidad por mi parte, pues me lo zampé todo sin perderle la mirada ni un momento), y se fue a su casa la mar de contento.
!Qué dura es la primera juventud! No volvería ni loca a tener veinte años. Por cierto, a este chico tengo que llevarlo al logopeda como sea o me tiro al Lexatín en cuanto le vea las intenciones.
Ayer pedimos una navajas frescas que llegaron con una salsita de soja, aceite de sésamo, vinagre y cebolleta, riquísima. Lástima la calidad del marisco.Estaba allí una v
ecina que, al igual que yo, es habitual del local. Me decía que se había atrevido con las empanadillas a la plancha que yo tenía en mi carta y que le gustaban mucho. Yo casi nunca las pido ya porque he descubierto que las puedo preparar en casa, comprándolas,frescas o congeladas, en el súper chino. Las hay de muchos rellenos, son muy fáciles de prepararar y salen muy ricas. Juraría que son las mismas que nos ponen en el restaurante porque las hacen en mucha cantidad que luego enbolsan y llevan a la tienda.También se pueden comprar debidamente etiquetadas como hago yo, porsiaca. Hay varias formas de prepararlas. Si nos gustan s
uavecitas es mejor el vapor. Se ponen en la vaporera sobre una hoja de lechuga, para que no se peguen, y se cocinan hasta que se vuelven casi transparentes. A mí me gustan a la plancha. Hay que ponerlas de pie en una sartén con un dedo de agua y par d
e cucharadas de aceite. Se dejan cocer tapadas y ,una vez que se evapora el líquido, se dejan hasta que se doran un poco por abajo. Quedan blanditas por arriba y crujientes por abajo, una delicia que acompañamos con un platito diminuto con soja por comensal, para irlas mojando o bien con unas verduras salteadas, como la del bodegón, todas del súper chino. Tirabeques, berenjenas chinas, diminutas y tiernas cebolletas chinas, y brotes de soja. La preparación, sencillísima: ponemos un diente de ajo y trozo de jenjibre en una cucharada de AOVE se sabor suave y cuando empiece a desprender aroma, sin que se
doren, añadimos la berenjena en trozos primero, y depués de unos minutos, el resto de ingredientes. Los dejamos tres minutos más antes de agregar unas cucharadas de vino de arroz, una cucharadita de aceite de sésamo y dos de salsa de soja. Un par de minutos más y ya está preparado. Menú chino en casa. Esta tarde me voy a La Alcarria que tengo la segunda parte de "los pilares", me voy a sentar bajo un pino y me van a tener que sacar de allí con agua caliente.
Besos