miércoles, mayo 07, 2008

Paseo Holandés. 1ª parte.


El paseo holandés con la pandilla de es.charla.gastronomia ha sido estupendo. El hecho de ir tan pocos a esta lejana reunión no ha desmerecido nada el encuentro. Hombre, os hemos echado de menos, pero no nos ha quitado ni pizca de apetito, porque comer, como siempre, hemos comido mucho y bueno.
Estuvimos alojados en el Hotel Eden de Zutphen, una bonita localidad, de impronunciable nombre como todos los holandeses, que aun conserva el casco urbano medieval en muy buen estado. Lindísimo como todos los pueblitos que hemos visitado.

La cena de la primera noche en De klock nos acercó a la gastronomía del país y nos encandiló con la sopita de mostaza y el medallón de cordero con verduras. Qué variedad de ellas en el plato, cocinadas lo justito y servidas junto a un pastel de espinacas y otro de puerro y patata, además de un cuenquito de la salsa del asado marcada por el pronunciado sabor del tomillo y la miel.
Dos veces nos han servido medallón de cordero y las dos veces tratándolo como si ternera fuera, poco hecho, y de muy buen sabor. Algo que para los castellanos que se sientan a mi mesa suele parecerles raro y mira tú por dónde aquí también tienen costumbre de servirlo así y es que queda de cine.

El jueves dimos un paseo por el contrafuerte del castillo de los Duques del Monte ,de la localidad s´Heerenberg, antes de ir a la cervecería museo donde asistimos a una explicación sobre la historia y la elaboración de la cerveza, además de una cata de todas las variedades que en el local se fabrican y venden desde hace una purrela de años. Hay quien sólo las probó, y quienes nos apuramos los vasitos todos.
A continuación comimos allí mismo. Mi elección fue la sopa de cerveza que, como decía Miguel A., sólo notabas el amargo si dejabas de tomarla, por lo demás estaba muy rica, así que, si tenéis ocasión de probarla, pedid un balde bien lleno. Después me decanté por una tosta de gambas a la cerveza donde pinché, porque las gambitas eran de goma pura y no me gustaron nadita.
Como soy más de campo que las amapolas, los paseos por la campiña holandesa me han fascinado. Esas granjas con sus casitas de cuento de bonitas que son, marrones desde las tejas al suelo que parecen trozos de pasteles de chocolate; los paseos arbolados de toda una gran variedad de árboles y plantas, con éstos, auténticos monumentos vivos del porte que gastan; las plantaciones de tulipanes que se me salían los ojos de verlos y que las fotos no les hacen justicia...Todo es tan bonito y están tan bien puesto y cuidado, que parece una postal tras otra.
El hotel nos agasajó con una cena en uno de sus restaurantes. Nos sentamos a la mesa a eso de las siete de la tarde, hora de la cena local y en la que nosotros no teníamos ni pizca de hambre, después de un paseo por las callejas históricas de Zutphen. Pero tuvimos la inmensa suerte de que el servicio estaba escaso de manos y nos levantamos de la mesa cerca de doce de la noche, lo que provocó que nos fuera entrando apetito según esperábamos entre plato y plato. Éstos estuvieron bastante correctos destacando el bonbon de salmón y la velouté de hongos que estaba realmente sabrosona con mucho gusto a setas variadas, de las que llevaba troceadas, sobre todo, boletus.

Al día siguiente nos acercamos hasta Almaark a ver la feria del queso, a la que no llegamos a tiempo, y el museo del mismo. Comimos en una cafetería cualquiera y nos dirigimos hacia la presa para cruzar los terrenos ganados al mar por debajo del nivel de éste y después dimos un paseíto por los "montes" holandeses. Un lugar muy bonito que se llena de domingueros, según nos contó Fausto porque nosostros llegamos cuando ya no había nadie, a disfrutar del entorno rodeados de abedules en un bosque maravilloso.

El día terminó con una larga y temprana cena a base de productos del mar en De Schelp, un local muy mono donde nos atendieron de maravilla. De los entrantes a resaltar las gambitas grises belgas. A continuación un pastel de langosta y gambas con endivia y mermelada de rosas más que aceptable.
Seguimos con dos pedazos de atún rojo -uno de ellos ahumado- sobre puré de zanahoria de sabor intenso y un pelín hechos para mi gusto, pero que escoltaban una vieira sobre puré de chirivía deliciosa.
De plato importante rodaballo con espárragos blancos, puré de brécol, puré de chirivía y salsa holandesa. También demasiado hecho para mi gusto, pero tenía ganas de pescado y me supo a gloria.
Para rematar un peazo postre con bocheta de frutas a la miel, sopa de frutos rojos con espuma de manzana, un riquísimo helado de espárragos, y otras cosillas ricas más como el tiramisú al amaretto y tarta de caramelo, ambos deliciosos.

Continuará...
Besos
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2 comentarios:

Marona dijo...

Tengo una compañera de curro holandesa que siempre me habla maravillas de su país. Yo pensé que exageraba (claro, ¡qué va a decir ella!) pero visto lo visto, la próxima excursión nos vamos para allá...
Un abrazo.

Marisa dijo...

Es muy bonito, Marona, tanto las zonas urbanas como el campo.
Besos