lunes, agosto 21, 2006

La Toscana II

Lucca es una ciudad amurallada maravillosa y fue el destino de nuestro segundo día en Toscana. Aunque no es peatonal , las calles no tienen aceras y cada cual -bus, gente, abundantes bicicletas- van a su aire sin molestarse unos a otros.
LLena de bonitos rincones , su Iglesia de San Michele in Foro es un claro ejemplo en mármol del gótico toscano que nos esperaba. Me impresionó mucho, e incluso me gustó más que la catedral (Duomo) porque está ubicada en una plaza medieval bellísima y ella luce en todo su explendor mientras que la catedral, que es mucho más grande, no se luce tanto por estar adosada a otro edificio y ser la plaza que la alberga menos vistosa.


Recomiendo pasear por esta deliciosa ciudad. Recorrer sus callejas medievales, tan escasa de coches circulando que es un paseo sencillo, tranquilo, enriquecedor por tantos rincones con historia como hay.

Camino del Duomo fuimos vistando todo lo que se nos ponía por delante, así, dimos con la iglesia de la foto de encima con esos maravillosos frescos bizantinos. Cuando pateamos el centro histórico a placer (está todo dentro de las murallas) buscamos sitio para comer, estábamos muy hambrientos y los restaurantes petados de gente. Al final nos decidimos por una terraza en pleno anfiteatro sin mirar demasiado.

Esta plaza está edificada en el emplazamiento de un antiguo anfiteatro romano, de modo que las casas construidas a raíz de sus muros conservan la forma circular de la planta.
En una terrraza de la plaza en la que había sitio nos sentamos, la camarera era latina. La oferta: pizza y pasta, nos decidimos todos por la primera y un plato de risotto di mare ( di mare que la parió cuando lo vimos, cualquier parecido con un risotto , pura coincidencia).
Las pizzas, ya digo, lamentables pero el vino...ay, el vino.

El día estaba caluroso pero el vino que nos sirvieron, un Montalcino, estaba ardiendo. Le explicamos a la camarera, que hablaba perfectamente castellano, que si no pueden traernos uno más fresco y ella no lo sabe, tiene que ir a preguntar. A su vuelta nos dice que no, pero que lo han puesto en la nevera. Ya, le digo, pero estás a punto de traernos la comida y el vino no va estar frío. Como respuesta entra dentro y sale con el vino y el sacacorchos ya pinchado. ¿Pero qué haces? ¿No tenéis una cubitera con hielo para enfriarlo aquí en la mesa? Respuesta: no sé y vuelta pa dentro. Vuelve a salir con un "no saben qué es eso". Sospechamos que la que no sabe qué eso es ella así que amablemente le volvemos a explicar qué es lo que necesitamos. Parece que no lo entiende, se lo explicamos otra vez ,ya en plan Barrio Sésamo. Vuelta a responder no sé y vuelta pa dentro.
Por fin aparece con la cubitera, que apenas cubre el culo del vino y cuatro hielos.¿Pero no puedes poner más agua y más hielo? No sé, empezamos a estar hasta el moño de no sé, y vuelta pa dentro. Que no, que no hay más hielo porque hace mucho calor. Mira que le den con el rabo la sartén nos tomamos el vino como sea y nos largamos de aquí que encima las pizzas son penosas y están medio crudas.

En fin , así nos fue. He de decir que el único inconveniente en todas las vacaciones.

Es verdad que el vino tinto lo tienen del tiempo y eso son 35 °, demasiado, pero se pide hielo y cubitera y en ningún sitio ponen pegas. Y si no, el blanco que lo sirven fresquito y es de paladar suave.

Después de comer dando un paseíto hacia el coche y a la playa, a Viarreggio a pasar la tarde.


Esto no sé cómo explicarlo porque nos dejó de piedra, nos cabreamos y ni siquiera quisimos ya dar una vuleta por el paseo marítimo, que me había aconsejado Cannella una estupenda pastelería.

El caso es que llegamos ataviados de playa y nos encontramos con un sembrao tremendo de sombrillas, butacas, hamacas y demás. De estoy hay mucho en España y, aunque yo no frecuento este tipo de playas porque me agobian, no pasa nada. Pero es que en esta localidad no puedes prácticamente hacer uso de la playa si no pagas, ya que toda menos un trozo ridículo en el kilómetro por el que nosotros anduvimos, es privado.

Hay una zona estrechísima donde se apilan los más jóvenes, ya que el día sale por 60 euros del ala, y donde nosotros no encontramos sitio mas que para dos toallas siendo cinco. Tres nos bañamos, dos se negaron a hacerlo, recogimos, y nos fuimos.

Cabreados como monas nos volvimos a Lucca a pasear sobre las murallas. Para ilustrarlo mejor. ..son como las de Lugo, que se puede pasear alrededor de la ciudad sobre ellas y están arboladas de tilos, encinas y robles. Una pasada de bonitas.

Muchos lugareños aprovechan la caída de la tarde para hacer deporte en ellas. Algunos pasean , otros van en bici y los más, caminan como nosotros. Es una maravilla, se va poniendo el sol y la ciudad se viste de lucecitas. No hay edificios altísimos , sino que todos tienen la misma altura y los más altos ( tres o cuatro plantas) están dentro de la muralla. Fuera de ella las casas no levantan más de dos pisos y la ciudad resulta muy armoniosa.

Es todo tan bonito y la compañía tan agradable ,que me quedaría a vivir allí sin pensármelo dos veces.

Besos y gracias tod@s por los detalles de cariño que habéis tenido conmigo.

6 comentarios:

Tere dijo...

Que sitios tan bonitos!
Envidia que me das!
Me he enterado esta mañana de lo de Ani y me hago una idea de lo que debeis de estar sintiendo Angelito, Tú y Gómez
Recordad los buenos momentos vividos con ella....
Animo y besotes a los tres.

cannella dijo...

Lo siento, se me olvidó decirte que en Italia todas las playas son de pago, y se alquila el sitio de año en año. A Alberto, mi marido, también le cabrea mogollón esta cosa, a mí me parece normal ya que siempre las he conocido así. De este modo están limpias y cuidadas y tienes tu sitio sin que el vecino te coma el bocadillo. ¡Precioso reportaje! Besotes

Boca Dorada dijo...

Que fuerte lo de la playa, no lo hubiera pensado nunca, me quedaría igual de alucinada y cabreada comu tú.

Gourmet de provincias dijo...

Yo también me di con ese invento de las playas en el Adriático. Me pasé todo el mes de agosto allí y solo me bañe dos veces, una en una playa cochambrosa de Eraclea Mare y otra en Trieste.

cerise dijo...

Un relato estupendo, es como si me estaba paseando a tu lado.

Elbereth dijo...

Madre mía, acabo de llegar de vacas y te léo y estoy deseando marcharme de nuevo. Con la gana que tengo de conocer Italia...voy a seguir deleitándome con tus fotos y tus comentarios..